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1997, el año heroico del net.art Internet tiene el poder de situar
al usuario en una situación pública y privada a la vez. Delante
de su ordenador, el internauta se encuentra en un espacio íntimo
y solitario y, al mismo tiempo, tiene la posibilidad de comunicar
e interactuar en tiempo real con personas y entornos diseminados
por todo el planeta. La garantía de anonimato que este medio proporciona,
le convierte en un territorio favorable para una serie de comportamientos,
que no tendrían lugar en otras situaciones. La facilidad de 'confesarse'
con una máquina de por medio, es aprovechada por varios proyectos,
que siguen las huellas de I
Confess, puesto en línea a finales del año anterior por el Group
Z.
Entre estos trabajos destaca, Persistent
Data Confidante de Paul Vanouse que, por su sencillez
e interactividad real, representa un ejemplo de net.art puro.
Vanouse propone una transacción de secretos: el usuario debe
dejar uno para poder leer otro, al que también podrá puntuar.
De esta forma los secretos con menos puntuación, es decir
los menos interesantes, son eliminados de la lista y el visitante,
influyendo sobre el contenido de la web, se convierte
en co-curator.
Por otro lado, en su proyecto The
Temple of Confessions el artista mexicano afincado en
Estados Unidos, Guillermo Gómez-Peña, utiliza las tecno-confesiones
de miles de usuarios para descubrir los tópicos y perjuicios
existentes acerca de las minorías étnicas. Las indicaciones
de los internautas, sirven al artista también para crear unos
etnocyborgs, a los que da vida durante performances,
como la que realizó el verano pasado en Barcelona, en
el marco del festival Sonar.
La narrativa hipertextual no lineal se expresa en numerosos
proyectos, que demuestran la madurez alcanzada por la experimentación
en este campo, tanto en lo referente al dominio de la tecnología,
como a los contenidos. El novelista Mark America crea Grammatron,
"un entorno narrativo de dominio público" muy amplio y articulado,
que trata de ciberespacio, cábala, misticismo y sexo virtual
en una sociedad futura, donde los relatos ya no están hechos
para los libros. El visitante se encuentra así involucrado
en una narración laberíntica, donde tiene que tomar continuas
decisiones, cuyas consecuencias suelen ser imprevistas e inesperadas.
En The
simulator, Garnet Hertz pide al usuario que realice todos
los pasos asociados al desarrollo de una día típico, eligiendo
entre diversas posibilidades. Su objetivo es cuestionar, en
clave de humor, la interactividad ficticia de muchos proyectos
y la capacidad de las nuevas tecnologías para ofrecer una
eficaz simulación de la realidad. También Claude Closky en
Do
you want love or lust? pone al visitante una y otra vez
en la situación de tener que decidir entre dos opciones, utilizando
una estética neo pop y un ritmo apremiante para ironizar sobre
las encuestas de las revistas.
A diferencia de la sencillez formal de proyectos como el
de Closky, otros como Line
de Melinda Rackham consiguen convertir la web en
un mundo articulado y lleno de matices. Siguiendo la línea
que da título a la pieza, el visitante puede navegar a través
de la relación de dos personas situadas físicamente en Tokio
y Sidney y, mediante fotos, e-mails y links
ocultos, penetrar en su universo mental y reconstruir los
fragmentos de su entorno físico.
Con el objetivo de reflexionar sobre los límites de la creación
en Internet, los británicos Gordon Selley, Jane Prophet y
Mark Hurry, crean Technosphere,
el primer entorno de vida artificial en la red y todavía uno
de los más espectaculares a nivel gráfico. En él, el usuario
puede dar vida a su propia criatura, eligiendo sus características
físicas y sus costumbres, y luego, gracias a la password,
seguir su desarrollo en el mundo virtual cada vez que se conecta.
Otro grupo de artistas británicos, reunido bajo el nombre
de I/O/D, toma partido en la guerra de los navegadores, desatada
entre aplicaciones prácticamente idénticas, creando The
Web Stalker, un browser alternativo, concebido
como una crítica a la navegación mediante la selección de
hiperlinks. En vez de presentar separadamente las páginas,
el Web Stalker mapea el área de la web, reorganizando
sus enlaces, eliminando los elementos innecesarios y ahorrando
muchos pasos al usuario. El proyecto resulta especialmente
notable tanto por su forma de reflexionar sobre la red, rechazando
los parámetros existentes, como por su capacidad de invención
y su dominio del medio.
La sobreabundancia y la rápida obsolescencia de la información electrónica,
inspira unos proyectos basados en el concepto de reciclaje, como
Multi-Cultural
Recycler de Amy Alexander. El proyecto, que emplea las numerosas
webcams conectadas a Internet las 24 horas del día, ofrece
al visitante la posibilidad de realizar su "propio abono cultural"
mezclando las diversas imágenes captadas por las cámaras. En la
vertiente del activismo on line, aparece ®TMark
un colectivo abierto, cuya página propone una larga lista de acciones
de sabotaje creativo en contra de las multinacionales, los políticos
y los nuevos mitos de la era digital. Entre sus intervenciones,
que se caracterizan por su contenido subversivo y por carecer de
un objetivo comercial, destacan los mirrors que parodian
las páginas oficiales de políticos y corporaciones.
Otros artistas aprovechan los posibles errores e imprevistos
del lenguaje hiperextual, para construir proyectos de gran
impacto gráfico, en los que el usuario está casi obligado
a luchar en contra de una página cuyas funciones no acaba
de entender. En esta línea la pareja belga-holandés Jodi encabeza
una tendencia (que más adelante se definirá hacker art),
basada en imágenes de baja resolución, páginas que se cargan
rápidamente, falsa interactividad y empleo atípico de las
herramientas, desde el lenguaje HTML o ASCII hasta los virus
que utilizan "para realizar divertidos efectos especiales".
Su estrategia de desorientación del usuario alcanza su cumbre
en el proyecto denominado 404,
porque la primera página que aparece es la del célebre error
"404 URL not found"
La creatividad de los artistas de los países que pertenecieron
al pacto de Varsovia, confirma el net.art como una importante
expresión artística desde la II Guerra Mundial que trasciende
las fronteras y las diferencias culturales entre Europa Occidental
y Oriental. Por un lado, Internet permite eludir las habituales
clasificaciones étnicas y los clichés nacionales y por el
otro, supone la posibilidad de utilizar canales de producción
y distribución distintos a los tradicionales. Tras Intima
del esloveno Igor Stromajer, también los rusos Alexei
Shulgin y Olia Lialina, ponen en línea sus respectivas homepage,
Easylife
y Teleportacia,
que se configuran como laboratorio artístico, obra de arte
y espacio de reflexión y debate teórico.
Shulgin presenta ABC,
considerado por los críticos uno de los proyectos más emblemáticos
de la búsqueda de nuevas formas de expresión en la red. Sin
embargo, quizás para el usuario sea más gratificante Desktop
IS, una obra de net.art, una exposición y una colección,
a la vez. El proyecto reune 80 imágenes de desktops
enviadas a Shulgin por amigos y otros net artistas, que demuestran
tanto las diferencias individuales, como el potencial creativo
de la tecnología. Tras explorar los mecanismos de los motores
de búsqueda en una net comedia en tres actos y un epílogo,
Anna
Karenin goes to paradise, Lialina vuelve a la narración
hipetextual más clásica con Heaven
& Hell un entretenido proyecto, realizado en colaboración
con Michaël Samyn, donde unos colores de estética neo pop
sustituyen al blanco y negro de sus obras anteriores. El esloveno
Vuk Cosic comienza su Historia Oficial del Net.art con History
of Art for Airports, donde ironiza sobre la representación
del arte en red, a través de una serie de ideogramas parecidos
a los que se encuentran en los aeropuertos, que representan
momentos y creadores clave de la historia del arte, desde
Lascaux a Warhol, incluyendo también destacados net artistas,
como Heath Bunting.
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