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La relación entre Internet y el planeta Tierra, protagoniza dos
proyectos japoneses, influidos por las doctrinas orientales sobre
la esencia del planeta y los fenómenos naturales. "El mundo es como
una gran web formada por una red invisible que conecta al
ser humano con todo lo que le rodea" afirma Shinichi Takemura, al
que se debe Sensorium,
un proyecto dividido en varias secciones, que permite al usuario
percibir los signos vitales de nuestro planeta en tiempo real.
Con una filosofía parecida Masaki Fujihata concibe Global
Clock Project, cuyo objetivo es visualizar la Tierra mediante
unos sensores, situados en distintos lugares, conectados vía
Internet.
El hipertexto se confirma como un dispositivo capaz de trastornar
en profundidad las estructuras narrativas tradicionales y
los artistas se enfrentan de múltiples formas a las posibilidades
que esto ofrece. El alemán Thomas Balzer presenta Nose
of the night, un divertido thriller interactivo, inspirado
en el cine negro de posguerra, donde el usuario puede convertirse
en detective para descubrir intrigas y asesinatos, interviniendo
y alterando el guión de la película. Lo curioso es que todos
los personajes son narices antropomorfas.
Otro proyecto alemán, Poem*
Navigator Ade Merel Mirage, conduce al visitante en un
viaje asociativo a través de un antiguo poema chino, analizándolo
en todos sus detalles, con el objetivo de establecer nuevos
vínculos entre dos lenguajes tan distintos como el chino y
el inglés.
La artista rusa Olia Lialina empieza su trayectoria como net.story teller
con My boyfriend came
back from the war donde, a partir de los sentimientos y las emociones que
produce una situación personal, establece un esquema narrativo interactivo en
forma de conversación. En la vertiente conceptual y minimal, a pesar de la estética
casi barroca, Liliana crea If
you want to clean your screen, destinado a convertirse en una piedra
angular del net.art, a raíz de su venta en 1999 al colectivo Entropy8zuper (resultado
de la unión de Zuper de Michaël Samyn y Entropy8 de Auriea Harvey). El aspecto
participativo de Internet y su tendencia a diluir el concepto de autoría, se
refleja en las obras nacidas de la colaboración entre las nacientes estrellas
de este medio.
El ruso Alexei Shulgin y el esloveno Vuk Cosic lanzan Refresh
, una cadena de páginas web de proyectos artísticos,
enlazadas entre ellas, que se actualizan automáticamente cada
10 segundos, catapultando al usuario de un lado al otro del
planeta.
El 'artivismo' se convierte es una tendencia cada vez más
definida, gracias a proyectos como
CCTV (Close Circuit Television) A World Wide AWatch de
Heath Bunting, que invita a la reflexión sobre el empleo de
las cámaras de vigilancia, permitiendo a cualquier usuario
trasformarse en policía durante el tiempo que permanece en
la web.
Precisamente en el espacio incorpóreo de Internet, el cuerpo
se convierte en uno de los temas más recurrentes: es representado,
reinventado, conectado, alterado e incluso transformado en
espacio navegable. En su espectacular Bodies
INCorporated, Victoria Vesna, profesora de la Universidad
de California, invita al visitante a construir su cuerpo virtual,
eligiendo tanto sus características físicas como temperamentales,
con el objetivo de investigar las problemáticas vinculadas
a las comunidades on line. El sitio se divide en tres
entornos principales: el Limbo, donde se encuentran los cuerpos
abandonados; la Necrópolis, donde los usuarios pueden elegir
cómo desearían que sus cuerpos muriesen y el Showplace donde
pueden participar en debates y chats en tiempo real.
¿Pueden los media infectar al cuerpo humano? Parece
que sí según el proyecto del suizo Markus
Käch,
The Institute for Media Diseases, un cruce entre un centro
médico y un laboratorio de media art, donde se investigan
las posibles enfermedades provocadas por la digitalización
del cuerpo humano y donde también funciona un hospital electrónico
para los Ausuarios que temen padecer algún síndrome informático.
Menos vinculado a la imaginería médica, el proyecto Remedy
for Information Disease de Alexei Shulgin propone curar
al visitante de la sobreabundancia de estímulos mediáticos,
mediante unas imágenes preseleccionadas, que se pueden manipular.
La banalidad de estos iconos de nuestro tiempo evidencia la
pobreza visual del bombardeo de imágenes al que estamos sometidos,
así como la interactividad ficticia de la página amplifica
la sensación de pérdida de control del individuo sobre las
tecnologías de la imagen.
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