Diplomados en aventura
Bernardo Marín, Madrid
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Los expedicionarios, en San Lorenzo del Escorial (José
Luis Cuesta).
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Soportaron el mal de las alturas a 4.500 metros en los volcanes
mexicanos, sufrieron las picaduras de las abejas y se marearon
siguiendo el rastro del apóstol Santiago en un barco
del Ejército que les llevó desde Huelva a Galicia.
Los 318 jóvenes de entre 16 y 17 años que componen
la Ruta Quetzal BBVA vivieron estas y otras peripecias durante
casi 50 días en México, Portugal y España
y hoy regresan a sus casas, en más de 40 países
distintos, para contarlas.
Ayer los muchachos recibieron en San Lorenzo del Escorial (Madrid)
los diplomas que les acredita como auténticos aventureros
de manos del rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa,
quien abogó por un mundo "a imagen y semejanza de
lo que han hecho los expedicionarios".
El acto estuvo presidido además por Javier Ayuso, director
de Comunicación e Imagen del banco patrocinador, y por
el periodista Miguel de la Quadra Salcedo, impulsor de este
proyecto cultural y científico que en 2005 viajará
a Perú.
Dos de las integrantes de la expedición, la española
Claudia Pérez y la colombiana Viviana González,
resumieron el espíritu que ha presidido estas siete semanas
de aventura: "nuestro corazón se queda en el que
ha sido y será por siempre el sendero de nuestras vidas".
El acto concluyó con la interpretación del Gaudeamus
Igitur por el coro de la Ruta, en el que destaca, como voz solista,
el cirujano de la expedición, Alfonso Camacho.

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