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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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29 de julio

Epílogo
Claudia Pérez y Viviana González


Viviana.

Hubo una vez una historia, una historia escrita con la pluma de los sueños; una historia que más tarde se convertiría en camino, en el camino de los camino, el camino de las estrellas; camino de cielos de esperanza, nuestro camino. Aquel camino que nos condujo hacia bellas tierras mexicanas. Esas que ya hace dos centenas, recibían a Balmis, esas utópicas tierras de "Tatabasco", tierras mexicas y aztecas en las que aún se mantiene viva la cultura purepechá, tierras por las que corre el fuego vivo de los volcanes mexicanos.

Nosotros, europeos, habíamos descubierto América. Para nosotros, los americanos, aquel periplo imaginario que tanto habíamos soñado empezaba a hacerse realidad tras cruzar al otro lado del océano, para encontrarnos con el viejo mundo, aquel desde el cual zarpó Colón cinco siglos atrás.

España: tierra de aventuras quijotescas, en la que permanece vivo el recuerdo de la más grande de las reinas, la reina Isabel la Católica. Una tierra en la que Santiago, el apóstol, fue el guía permanente de nuestros caminos.


Claudia y una compañera de expedición.

Y así como hubo una vez una historia, hubo también un hombre. Un hombre que soñó con acercar distancias de aquel gran océano que nos separa, para construir algún día una iberoamérica unida. Ese hombre que no sólo soñó, sino que dedicó su vida entera a trabajar por ese sueño; ese sueño que hoy comparte con nosotros.

Este hombre "por siempre aventurero irremplazable" Miguel de la Quadra-Salcedo.

Hubo también otro hombre; una persona que con sus canciones y alegrías se levantaba con la luna; una persona que con sus palabras de aliento y cariño se acostaba a la luz de la luna; Jesús; Jesús Luna, el alma de la Ruta.

Y a la par que existieron estos dos hombres, en nuestra historia aparece escrito el relato de unos guerreros, damas, caballeros; aventureros del día, centinelas de la noche, que de principio a fin lucharon incansables; para guiar a su tropa de ruteros, nuestros monitores; cabeza alta; mirada al frente; alegres de espíritu; guerreros de corazón; admirables por su inagotable fortaleza interior.

Per son vanos los sueños de Miguel, la luz de Luna, la fuerza de los guerreros, sin sus vuelos y escarces, sin sus cantos y juegos no hubieseis aparecido en esta historia: los quetzales: los ruteros, nosotros: intrépidos y aventureros, de diversas razas, de diferentes culturas, de tan distintos lugares, pero volando unidos bajo un mismo cielo.

Adiós, dulces tierras mexicanas, adios acogedoras tierras portuguesas, adiós históricas tierras españolas; porque nosotros nos vamos, pero nuestro corazón se queda, en el que fue y será por siempre el sendero de nuestra vida: la Ruta Quetzal BBVA.

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