Expedición 2004 los40.comCadenaSerELPAIS.esEl Pais UniversidadAS.com
Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
Bienvenida
Qué es Ruta Quetzal
Participantes
Itinerario
Crónicas
Enviado especial
Álbum fotográfico
Fotos de México
Fotos de España
Multimedia
Quién es quién
Foro
Enlaces
 25 de junio

Coronación del Paricutín
Shirley Barquero y Laura Bañuelo


Shirley y Laura.

Después de una agotadora mañana de caminata rumbo a la boca del Paricutín, al caer de la tarde, llegó la esperada recompensa.

Mientras subíamos, se podía ver a gente tirada por los lados, incluso llorando, aunque los demás intentábamos animarles como podíamos con frases tales como "¡ya falta poco!"; pero para nosotras mismas sabíamos que eso no era ni medio verdad.

Los monitores nos dijeron que ya faltaba poco desde las 15,00 y procurábamos creérnoslo para animarnos; sin embargo, aún veíamos los labios del Paricutín muy lejanos.

El tramo de subida de la tarde fue igual de impresionante que el visto y admirado durante toda la mañana: piedra volcánica escarpada hasta donde alcanzan tus ojos; y, en el fondo nuestro ansiado y ya querido volcán.

Cuando llegamos a sus faldas, se nos echó la niebla encima, justo en el último esfuerzo; y, en el momento en el que ya no podíamos ni con nosotros mismos, el dios Tlaloc nos sorprendió con una intensa nieblina. Aún así, las tortugas, las cebras y los linces terminamos nuestro encrespado recorrido alrededor de las cinco de la tarde, después de más de seis horas de larga y dura caminata.

Llegamos a la cima y pudimos saciarnos con una merienda, bajo el intenso frío; pero que al fin y al cabo no era nada comparado con lo que habíamos recorrido.

De pronto, fuimos unos privilegiados al poder ver cómo la nieblina, poco a poco, se iba disipando, pudiendo así observar y admirar el inmenso cráter, rodeado de una vista maravillosa de sus alrededores.

Realmente, era muy motivador tener este privilegio obtenido después de tanto esfuerzo. Se podían ver allí abajo las puntiagudas y casi infinitas rocas por las que hacía un rato habíamos tenido que pasar. Por entre esas rocas aparecían algunos rastros de lo que pudo ser el gran Paricutín hace un tiempo, pero aquello, según nos habían dicho, eran sólo fumarolas que se expandían desde el suelo hasta las nubes y que constantemente nos envolvían en su mágico mundo.

Una vez recuperadas las fuerzas y ánimos, comenzamos el descenso hasta el campamento. Fue toda una aventura entre la niebla que nos rodeaba y el cansancio. Teníamos que desafiar el suelo tan inestable de ceniza que nos cubría hasta la altura del tobillo, y aún así fue divertido, pues sí alguno perdía el equilibrio y se caía, los demás lo hacían simultáneamente en efecto dominó por la cuesta abajo del volcán.

Ya pisando suelo firme, tuvimos que sacar algunas piedrecillas de nuestros zapatos y así poder dar los últimos pasos hacia el campamento, donde nos dispusimos a armar nuestras tiendas. Una vez montadas, muchos compañeros pasaron a visitar la enfermería y otros se pusieron a jugar a la pelota en el campo verde. Más tarde nos fuimos a cenar sándwich y fruta, que nos supo a verdadera gloria.

En ese momento nos avisaron de que algunos indígenas nos harían una demostración de "juego de pelota"; pero el intento se vio truncado otra vez por el dios Tlaloc que nos envió un increíble aguacero sobre nosotros y nuestras tiendas recién montadas. Nos refugiamos allí y terminamos nuestra cena.

Las consecuencias de la lluvia no se hicieron esperar, ya que muchos ruteros tuvimos que salir empapándonos al tensar y al reparar las tiendas para que no calaran; pero el tan esperado y bien merecido descanso llegó pronto para todos, confiando en que restableceríamos el ánimo para emprender el día siguiente, muy de mañana, la travesía y el retorno con mucha fuerza y energía hacia nuestra próxima meta.


Volver

© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900