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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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 25 de junio

El primer desafío
María Celia Gómez del Pulgar y Rebeca Lage

"Tirolí-tirolá, ¡qué bonito es despertar y …". Estos versos son lo que todos esperábamos escuchar en el amanecer del día de hoy, pero con gran sorpresa y para descanso del incombustible jefe de campamento, Jesús Luna, el grupo de titiriteros Libélula, que nos acompaña en todas nuestras increíbles aventuras, le han relevado a Jesús Luna en el cargo de despertador. Con su actuación, no sólo nos liberaron del sueño y deleitaron nuestros oídos con su fantástica música, sino que nos convencieron que este es el día que todos estábamos esperando, tal como nuestro querido Jesús repite todas las mañanas junto con el melodioso canto de los pájaros.

Tras un desayuno digno de reyes, con exquisiteces de todos los países como el yogurt griego, el café colombiano, las manzanas españolas, lo mejor, y galletas y bollos internacionales, preferentemente las de Francia, abandonamos el nuevo emplazamiento que anoche les dimos a nuestras tiendas para enfrentarnos a unos de los verdaderos, hasta el momento, el primero de los desafíos que este programa nos ofrece.

Partimos del campamento en "manada" con unas ganas locas de romper con la rutina de las conferencias que, hasta el momento, estábamos asistiendo, y que no por ello dejaron de ser interesantes.

Tras un tiempo de marcha tranquila llegamos a la zona donde antiguamente se encontraba el pueblo de San Juan Parangutiro, antes de ser arrasado, hace sesenta y un años , por la erupción que acompaña el nacimiento del volcán. Nacimiento y erupción relatados la noche anterior en nuestro fuego de campamento, por los propios protagonistas del desastre.

Uno de los ancianos con los que tuvimos el gusto de "platicar" recordaba con tristeza y melancolía todo lo ocurrido en aquella jornada, pero añadía con orgullo que los volcanes formaban parte de su vida y existencia: "una civilización no sólo consiste en calles asfaltadas y grandes edificaciones, sino en la forma de sentir las cosas que nos rodean y de saber vivirlas y comprenderlas".

El nacimiento del volcán Paricutiro comenzó a las 16,00 de 1943. Su actividad inicial estuvo caracterizada por una serie de fumarolas y de explosiones piroclasticas. Las erupciones violentas comenzaron a las 24,00 del mismo día, seguidas de los derrames de lava. Su actividad continuó hasta 1949, con una reactivación en 1952 en que cesó su actividad. Los flujos de lava cubrieron 18,5 km2. Los derrames de lava inundaron un área de 300 km2 alrededor del cono del volcán. Desapareció la fauna silvestre, murieron 4.500 cabezas de ganado y 550 caballos. Se produjo un éxodo de más de 2.500 personas.

El recibimiento en San Juan fue un tanto especial, porque nos ofrecieron unos bailes típicos del Estado de Michoacán, en el que ahora nos encontramos. De forma muy seguida asistimos a una charla sobre los volcanes, centrándose en el que visitaríamos a continuación, y usando como asiento la propia lava solidificada, rocas puntiagudas, que un día el volcán escupió llenando el templo de San Juan de Parangutiro, dejando al descubierto solamente dos de sus torres.

Allí recibimos las últimas indicaciones para acceder al volcán: nada de experimentos raros, con las plantas y hongos del lugar, para evitar el regreso acelerado de alguno de nosotros, a su país de origen.

Y, tras esto, comienza la carrera. El grupo de "tortugas" inician su marcha en primer lugar, con ventaja sobre los demás, debido a su calma en pista. Continúan las "cebras", algunas de ellas motorizadas y a punto de perder sus rayas en el intento de llegar a meta, en ese caso, el cráter del volcán. Y por último, los "linces", muchos de ellos intentando lucir una velocidad que no pudieron alcanzar.

Al final, tras muchos esfuerzos, sacrificios, llantos y lamentaciones, las tortugas, como ocurre en la fábula, vuelven a ganar. Y, una vez alcanzada la cumbre por todos los participantes en esta carrera y llenos de satisfacción y orgullo, llenan sus vacíos estómagos con suculentos manjares, acostándose sobre calientes rocas, algunas de las cuales todavía humeantes, mostrando aún el fuego latente del volcán.

Compañerismo, amistad y solidaridad son palabras clave para describir este nuestro primer desafío con los volcanes, donde la emoción con que los expedicionarios abandonaban la montaña y la nueva experiencia adquirida servirá de recuerdo del esfuerzo que nunca olvidaremos.

Este es, sin duda, la demostración de que la Ruta, a pesar de los difíciles y amargos momentos por los que en ocasiones pasamos, son solamente una parte de nuestra expedición. La Ruta es sin duda una de las experiencias más gratificantes y deseadas por cualquier estudiante de nuestra edad: en definitiva un sueño que, día tras día, vamos haciendo realidad.

Con todo el cariño del mundo para nuestros familias y amigos y el deseo de que después de leer esta crónica, acabéis con vuestras inquietudes y sepáis que disfrutamos cada segundo que aquí pasamos.



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