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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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 22 de junio

Lluvia, dioses y caras en las piedras
Beatriz Méndez Mojardín


Beatriz.

Quiero resaltar algunas ideas que me han venido a la mente sobre la primera visita que hicimos a la ciudad de Teotihuacan, después de un día en que me he dedicado un poco a la reflexión de lo que va pasando.

Recuerdo que la ciudad de los dioses nos recibió haciendo honor a su nombre. Es imposible no sentirse "nada" frente a la imponente Pirámide del Sol, que extiende sus escaleras invitando al viajero a escalar sus antiguas piedras, testigos mudos del paso de siglos y civilizaciones, y guardianes de secretos que hoy nos inquietan. Pero, junto a esa bienvenida divina, estaba otra: la de la lluvia, que nos acompañó todo el tiempo, haciéndonos ver que en América Latina no todo es sol y playa como se nos pinta en mi país.

Muchos protestaban por esa compañera húmeda, que venía a empaparnos desde el cielo. Pero, para mí, que en mi tierra la lluvia es parte del día a día, casi siempre, esa agua es signo de fertilidad, de bosques verdes, de riqueza natural. Por eso, lo que muchos verían como una broma pesada del dios de la lluvia, yo preferí interpretarlo como una bienvenida a la vieja América, la precolombina, lo que conserva la magia y el silencioso poder que el paso de los años y el misterio otorga a tantos lugares.

Un deseo de esas civilizaciones de que la Ruta Quetzal BBVA cumpla su objetivo de enriquecernos en vivencias y conocimientos, y de unir un poco más a estos 45 países y culturas que aquí nos encontramos.

Pero se unieron más factores a este mágico día: el equinoccio de verano nos brindó todas las horas de luz posibles. En Asturias, esa noche corta representa al Bien venciendo al Mal, la Luz que vence a las Sombras. Aquí, lejos de casa, con gente a la que me unen lazos fuertes, pero a la que conocí hace apenas nada, encontrar similitudes de este tipo entre culturas tan distantes como la de los aztecas (y sus antecesores en la Ciudad de los Dioses) y los celtas, me hace ver lo que realmente ocurre: que no hay razas, ni países. Sólo hay personas que han sentido los mismos miedos y esperanzas, y que se han hecho las mismas preguntas desde el amanecer del hombre. Las estrellas y el cielo nos han hecho sentir siempre pequeños, lo mismo que ahora nos lo hacen sentir las maravillas de tiempos pasados.

Cuando un rutero preguntó si había caras talladas en la roca enfrente a la cual dimos una conferencia de astronomía, no pude evitar unir todo. Quiero creer que son los rostros de aquellos hombres que vivieron aquí hace muchos años, instándonos a aprovechar la oportunidad única de conocer su cultura y la de tantos otros lugares, dejando la nostalgia de la familia para luego, o para nunca, para poder así disfrutar cada minuto.

La lluvia y su dios, la Ciudad de los Muertos, las estrellas y la magia de este lugar nos dan la bienvenida a esta Ruta Quetzal BBVA que acaba de comenzar, a este viaje único que jamás olvidaremos.

El compañerismo se empieza a sentir con fuerza, no faltan manos amigas, y desconocidas a la vez, en las que apoyarse.

Algo empieza a cambiar en todos nosotros, y todos nosotros estamos poniendo un granito de arena para cambiar algo. ¿El qué? Que no somos cuarenta y cinco países y culturas. Somos, sencillamente, una Ruta.
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