Una sofocante mañana
Beatriz Alvargonzález y Marta Gómez
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Beatriz y Marta.
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Después de una ajetreada noche de tormenta en la que muchos
de los expedicionarios que estaban haciendo vivac tuvieron que regresar
a sus respectivas, despertando a todos sus compañeros, fuimos
levantados por nuestro jefe, Jesús Luna, y su famosa canción,
aunque muchos de nosotros ya estábamos despiertos por el ruido
del motor del parapente de Sancho, que se dedica a hacer tomas desde
las alturas.
Como muchas de las mañanas en la Ruta, asistimos a una clase
de aeróbic de la monitora Susana, aunque con una salvedad:
todos estábamos en bañador, preparados para lo que vendría
luego. Como siempre, no podíamos ver nada de lo que Susana
iba haciendo y era muy gracioso ver a la mayor parte de la gente perdida
y sin saber muy bien qué hacer.
Nada más terminar la clase, hicimos algo alucinante: todos
los ruteros que quisieron, formaron una larga fila en la playa y a
grito de "¡ya!" éste sería nuestro último
baño en la playa de Chalchihuecam.
Rápidamente desmontamos las tiendas, limpiamos la playa antes
de iniciar una larga caminata de 5 kilómetros hasta llegar
al lugar del desayuno. Después de tanto andar lo que más
agradecimos fue lo que nos ofrecieron para tomar, que consistía
en leche con cereales, plátano y un rico bollito.
A continuación, nos embarcamos en un lago viaje hasta Tres
Zapotes. Estas 4 horas de viaje se nos hicieron muy largas porque,
debido a que un pequeño indicio de indigestión circula
por nuestra expedición, además de la múltiples
picaduras de mosquitos y el calor húmedo insoportable.
A pesar de que nuestro viaje por México está llegando
a su fin, son muchos los ruteros que miran con inquietud hacia el
último volcán, San Martín de Tuxtla, porque temen
no poder subirlo por sus pequeños problemas de salud.
Tras el viaje, llegamos a nuestro destino. Fue entonces cuando comimos.
Todos estábamos muy cansados, sobre todo por el horrible calor
que nos azotaba. Muchos de nosotros comimos rápidamente para
poder ir al baño y así refrescarnos. Nos mojamos el
pelo e incluso las camisetas, pero nada era suficiente para aliviar
el calor.
Seguidamente nos dispusimos a continuar con nuestro cargado programa
académico, iniciando así la tarde.
