Ilusión rota
Belén Jiménez, Rocío González, Irene Martín
y Paloma Izquierdo
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Belén, Rocío, Irene y Paloma.
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Aunque el problema de quiénes subieron y quiénes no
subieron hasta la Estación de Canario, la etapa más
alta conseguida por algunos expedicionarios en el Popo, ha sido ya
debatido y aclarado en otras crónicas, sin embargo, nos llega
esta última colaboración en la que 4 expedicionarias
expresan su "ilusión rota", en espera de que en estos
momentos todo se haya debatido y aclarado debidamente por quienes
corresponde. (Nota de redacción).
De los "volcanes" de México a la Translatio, éste
es el título de la edición Ruta Quetzal BBVA 2004. Tras
varias jornadas de recorridos turísticos por México,
para muchos de nosotros había llegado el gran día.
El primer grupo partió a las seis de la mañana hacia
el Popo para realizar una marcha de fácil ascenso, mientras
el resto de los expedicionarios quedamos en el campamento esperando,
que al día siguiente, cumpliésemos nuestro reto.
La primera expedición salió a pedir de boca, un tiempo
inmejorable, y condiciones favorables llevaron a nuestros compañeros
a cumplir su sueño. Todos estábamos advertidos que el
Popo es muy peligroso, debido a su actividad volcánica. Sin
embargo, catorce de nuestros compañeros, en contra de volcanólogos,
ascendieron más de lo prohibido, acompañados de cámaras
de televisión e invitados por la organización.
El día era perfecto y volvieron encantados de la experiencia
que supone visitar la estación de canario, a 4.200 metros de
altitud. Por la noche, la tensión se notaba en el ambiente
y el segundo grupo, que el primer día quedó en el campamento,
sabía que algo malo había ocurrido. Aún así,
a las cinco de la mañana partimos con toda nuestra ilusión;
pero, al llegar al Parque Nacional del Popo-Itza, los volcanólogos
no nos permitían llegar siquiera a los cerros próximos,
debido a la desobediencia del día anterior.
Lo que las cámaras no han visto fue la cara de desolación
de los expedicionarios del segundo día, muchos de los cuales
habían invertido meses en realizar un trabajo sobre los volcanes.
Los micrófonos no han grabado el ambiente de impotencia al
ver truncado aquello que se nos había puesto en la palma de
la mano, como una posibilidad única en nuestras vidas y para
todos.
La sensación de estos momentos, cuando ya estamos en el Centro
Asturiano y habiendo visto solamente los volcanes tras los cristales
del autobús, es de apatía, unida a la cara triste de
150 ruteros a los que se les ha privado de uno de las grandes oportunidades
de esta Ruta.
