Expedición 2004 los40.comCadenaSerELPAIS.esEl Pais UniversidadAS.com
Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
Bienvenida
Qué es Ruta Quetzal
Participantes
Itinerario
Crónicas
Enviado especial
Álbum fotográfico
Fotos de México
Fotos de España
Multimedia
Quién es quién
Foro
Enlaces
 22 de junio

El regreso de las civilizaciones mesoamericanas
Beatriz Alvargonzález, Marta Gómez


Beatriz y Marta.

Nos despertamos al grito de "tirolí-tirolá, ¡qué bonito es despertar y decir con alegría: buenos días, tía María!". Tras un inesperado desayuno, desprovisto de chile, que todos agradecimos, nos pusimos en marcha hacia el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

Nada más llegar, vimos una imponente bandera de México, en cuyo centro estaba el famoso emblema del águila con una serpiente en el pico. Como supimos más tarde, este símbolo se remonta a tiempos anteriores a la conquista española de México. Dicha águila representa al máximo dios azteca Huitzilopochtli, y esta imagen era la señal divina predicha por los sacerdotes para asentar su civilización. El águila devorando a la serpiente está situado sobre un nopal. Huitzilopachtli era el dios de la guerra, mientras que la serpiente representaba la muerte. Cuenta la leyenda que este símbolo apareció en el lago de Texaco y esta es la razón por la que los aztecas fundaron ahí la ciudad de Tenochtitlán, actual México DF, rellenando el lago a base de piedras y lodo.

A continuación, asistimos a una introducción acerca de los comienzos del Museo que, a pesar de ser un poco lenta, resultó divertida por el desajuste entre las palabras del director del museo y las diapositivas que aparecían en la pantalla.

Pasamos a la visita del Museo donde una interesante guía nos explicó la leyenda de los volcanes que coronan la ciudad de México: el Popocatepetl y el Istaccihuatl. Estos dos volcanes representan un guerrero y una princesa enamorados: el guerrero tuvo que marcharse un día a luchar y, durante su ausencia, la princesa fue avisada erróneamente de la muerte de su amada. No supo reaccionar ante semejante noticia y murió de tristeza. Al llegar el guerrero se arrodilló ante el lecho de su princesa Iztacchihuatl, y ahí sigue, llorando todavía hoy. Hay días en los que el guerrero no puede contener su rabia y echa humo.

Tras esta leyenda nos contaron algo más impresionante: el juego de la pelota. Cuentan que los aztecas eran entrenados desde muy pequeños para jugar. Se enfrentaban dos grupos. El juego consistía en meter una pelota de caucho en un aro vertical. Lo que más nos llamó la atención es que el ganador de este juego era decapitado y su cuerpo era ofrecido a los dioses. Para todos nos resultó sorprendente, ya que no podíamos llegar a comprender para qué sacrificaban su vida para obtener un lugar junto a los dioses.

Algo cansados porque la visita al museo había sido larga, nos fuimos al parque que había al lado. Allí, bajo un sol abrasador, vimos un espectáculo increíble: los voladores de Papamtla. Unos cuantos hombres se subieron a un alto mástil donde se colgaron y empezaron a girar suspendidos en el aire con la única sujeción de una cuerda. Atónitos después de esta extraña actuación, nos dirigimos a comer, donde pudimos descansar y compartir las nuevas experiencias que por la mañana habíamos vivido.




Volver

© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900