Puebla de Los Ángeles
Arlyn Montero y Kitzia Osorio
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Arlyn y Kitzia
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Acogidos por la cálida temperatura de nuestro saco de dormir,
nos despertó hoy en la mañana la dulce voz de Jesús
Luna: hoy es el día
. Después de una
agradable noche de vivac, suelo regular, ambiente seco y sin estrujarnos
al lado de seis enormes mochilas, sabíamos que no podía
durar mucho y se oyó la instrucción: A montar
tiendas, seguida de inmediato por: todos a las duchas.
¡Ah! Centro Asturiano, dulce Centro Asturiano, ducha caliente,
sustentoso desayuno y un lugar seguro donde dormir.
Partimos hacia nuestro destino hoy y, en el autobús, el paisaje
se iba transformando tras los cristales; de prados verdes, con aisladas
casas de muros rojos, a colinas áridas hasta llegar a la ciudad
de los Ángeles: Puebla.
De un aspecto colonial, que trae a la memoria muchos años
de historia, con sus más de 300 iglesias que nos recuerdan
su origen levítico, da la impresión de ser una ciudad
creada por españoles para españoles.
Caminando por sus calles adoquinadas, bajo un sol inusitado pero
muy bien recibido, pudimos notar que el paso de los años no
ha sido un enemigo para la belleza de esta hermosa ciudad. El constante
cuidado que los habitantes se han ocupado de brindar a sus edificaciones,
permiten que el tiempo no carcoma la magnificencia de este Patrimonio
Universal. Bienvenidos calurosamente en el atrio de la Catedral, nuestras
mentes recibieron la historia que fue, es y será transmitida
a través de los días.
Con magníficos relieves en su fachada, y un atrio acorde a
la medida española de la época, 100 varas por 100 varas,
esta iglesia transmite una sensación sublime, mezcla entre
la sabiduría del tiempo y la espiritualidad solemne de un lugar
como éste; que al poner tus pies sobre su frío suelo,
el silencio, el eco de tus pisadas y la luz que entra a través
de los vitrales infunde la presencia de un ser superior.
Sus calles están llenas de memorias remontadas desde hace
más de 4 siglos y de tradiciones tangibles a nuestras manos,
nuestro paso por el camino de la dulzura: camotes, borrachitos, dulces
de leche e infinidad de dulces tradicionales, nos hace pensar en un
pueblo que se aferra a sus costumbres y su cultura, la lleva con orgullo
en su corazón y la defendería, como lo hizo en el pasado,
cuando sea necesario.
El recorrido nos llevó al templo de la Virgen del Santo Rosario,
cuya historia nos transportó a tiempos imperecederos donde
los hombres entregaban su vida por su fe; celebraban la victoria como
grandes caballeros: invocando el nombre de su Señora.
El sol llegaba a su cenit, cuando una de las mayores impresiones
de cultura popular se desplegó ante nuestros ojos: El Parián,
el acostumbrado mercado de artesanías donde se puede observar
todo tipo de objetos que los expedicionarios estaban deseosos de comprar,
pero aún no era el momento. Aún había cúpulas
de azulejo que observar, casas antiguas hermosas que visitar y avenidas,
llenas de comercios por recorrer.
Un sustentoso almuerzo, compuesto por fruta, sándwich y refresco,
se movía en nuestras mochilas, cual hambre en nuestros estómagos
vacíos; y, después de satisfacer esta necesidad elemental
de todo ser humano, vimos llegar el esperado tiempo libre. Ese valioso
instante donde puedes interactuar con los habitantes de la ciudad
y conocer mejor a aquellos que serán tu familia durante 30
días más: los expedicionarios. El instante donde la
cultura se vuelve una experiencia sensorial y entra a ti en toda su
expresión, donde puedes hacer contacto con la vida real: tu
familia, amigos y hasta algún periódico de tu país
que conseguiste en la avenida 5 de mayo. Es curioso cómo la
Ruta Quetzal BBVA se vuelve una dimensión paralela dentro de
tu vida y te hace colocar las cosas en otra perspectiva. Es como un
sueño que se ha salido de control, pero que ya no podrás
abandonar y seguirá contigo el resto de tu vida. El sol se
esconde y sus rayos tiñen de naranja y azul el firmamento,
la luna se asoma, aunque la noche aún no cae. Rumbo al campamento,
las lejanas montañas y los verdes prados nos recuerdan que
aún hay mucho por recorrer, y que el camino sigue y sigue y,
si no controlas tus pies, como dijo un habitante de la comarca, no
sabes a dónde te llevarán. Todo es posible en la Ruta
Quetzal BBVA.
¡Ah! Y a los mexicanos y los ticos: ¡Pura Vida!
