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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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 30 de junio

Puebla de Los Ángeles
Arlyn Montero y Kitzia Osorio


Arlyn y Kitzia

Acogidos por la cálida temperatura de nuestro saco de dormir, nos despertó hoy en la mañana la dulce voz de Jesús Luna: “hoy es el día…”. Después de una agradable noche de vivac, suelo regular, ambiente seco y sin estrujarnos al lado de seis enormes mochilas, sabíamos que no podía durar mucho y se oyó la instrucción: “A montar tiendas”, seguida de inmediato por: “todos a las duchas”. ¡Ah! Centro Asturiano, dulce Centro Asturiano, ducha caliente, sustentoso desayuno y un lugar seguro donde dormir.

Partimos hacia nuestro destino hoy y, en el autobús, el paisaje se iba transformando tras los cristales; de prados verdes, con aisladas casas de muros rojos, a colinas áridas hasta llegar a la ciudad de los Ángeles: Puebla.

De un aspecto colonial, que trae a la memoria muchos años de historia, con sus más de 300 iglesias que nos recuerdan su origen levítico, da la impresión de ser una ciudad creada “por españoles para españoles”.

Caminando por sus calles adoquinadas, bajo un sol inusitado pero muy bien recibido, pudimos notar que el paso de los años no ha sido un enemigo para la belleza de esta hermosa ciudad. El constante cuidado que los habitantes se han ocupado de brindar a sus edificaciones, permiten que el tiempo no carcoma la magnificencia de este Patrimonio Universal. Bienvenidos calurosamente en el atrio de la Catedral, nuestras mentes recibieron la historia que fue, es y será transmitida a través de los días.

Con magníficos relieves en su fachada, y un atrio acorde a la medida española de la época, 100 varas por 100 varas, esta iglesia transmite una sensación sublime, mezcla entre la sabiduría del tiempo y la espiritualidad solemne de un lugar como éste; que al poner tus pies sobre su frío suelo, el silencio, el eco de tus pisadas y la luz que entra a través de los vitrales infunde la presencia de un ser superior.

Sus calles están llenas de memorias remontadas desde hace más de 4 siglos y de tradiciones tangibles a nuestras manos, nuestro paso por el camino de la dulzura: camotes, borrachitos, dulces de leche e infinidad de dulces tradicionales, nos hace pensar en un pueblo que se aferra a sus costumbres y su cultura, la lleva con orgullo en su corazón y la defendería, como lo hizo en el pasado, cuando sea necesario.

El recorrido nos llevó al templo de la Virgen del Santo Rosario, cuya historia nos transportó a tiempos imperecederos donde los hombres entregaban su vida por su fe; celebraban la victoria como grandes caballeros: invocando el nombre de su Señora.

El sol llegaba a su cenit, cuando una de las mayores impresiones de cultura popular se desplegó ante nuestros ojos: El Parián, el acostumbrado mercado de artesanías donde se puede observar todo tipo de objetos que los expedicionarios estaban deseosos de comprar, pero aún no era el momento. Aún había cúpulas de azulejo que observar, casas antiguas hermosas que visitar y avenidas, llenas de comercios por recorrer.

Un sustentoso almuerzo, compuesto por fruta, sándwich y refresco, se movía en nuestras mochilas, cual hambre en nuestros estómagos vacíos; y, después de satisfacer esta necesidad elemental de todo ser humano, vimos llegar el esperado tiempo libre. Ese valioso instante donde puedes interactuar con los habitantes de la ciudad y conocer mejor a aquellos que serán tu familia durante 30 días más: los expedicionarios. El instante donde la cultura se vuelve una experiencia sensorial y entra a ti en toda su expresión, donde puedes hacer contacto con la vida real: tu familia, amigos y hasta algún periódico de tu país que conseguiste en la avenida 5 de mayo. Es curioso cómo la Ruta Quetzal BBVA se vuelve una dimensión paralela dentro de tu vida y te hace colocar las cosas en otra perspectiva. Es como un sueño que se ha salido de control, pero que ya no podrás abandonar y seguirá contigo el resto de tu vida. El sol se esconde y sus rayos tiñen de naranja y azul el firmamento, la luna se asoma, aunque la noche aún no cae. Rumbo al campamento, las lejanas montañas y los verdes prados nos recuerdan que aún hay mucho por recorrer, y que el camino sigue y sigue y, si no controlas tus pies, como dijo un habitante de la comarca, no sabes a dónde te llevarán. Todo es posible en la Ruta Quetzal BBVA.

¡Ah! Y a los mexicanos y los ticos: ¡Pura Vida!


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