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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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 21 de junio

Desde Teotihuacan, nuestro primer saludo
Ángel, Belén, Rocío, Mercedes, Isuca, Mari Carmen, Miguel Ángel y Vega


Belen, Rocío, Mercedes e Isuca

Comenzamos nuestra ruta académica en México el día 21 de junio de 2004, con una presentación solemne en la Universidad Nacional de México (UNAM) presidida por la Dra. Mari Carmen Serra Puche, vicerrectora, y con la primera conferencia sobre “Volcanes y riesgo” presentada por el profesor don Servando de la Cruz. A media mañana visitamos el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) donde se realiza el estudio de riesgos e impacto de los volcanes y los llamados monitoreos y control de los volcanes activos.

La mañana supuso un impacto especial, comenzando a fuego lento y sostenido, lo que aparece como título de nuestra Ruta Quetzal BBVA 2004: “De los Volcanes Mexicanos a la “Translatio” y V Centenario de la muerte de Isabel I de Castilla”.

A triple banda, presentamos las primeras impresiones de los que se atrevieron a estrenar estas crónicas que van a acompañarnos ya hasta el fin de nuestras jornadas. Recogemos las palabras de tres equipos que encendieron sus plumas en este día de estreno. Iremos combinando las palabras de cada grupo, dando así mayor realce y variedad a esta especie de mesa redonda introductoria escrita por nuestros jóvenes expedicionarios periodistas. Día primero, día de estreno: nuestras crónicas comienzan su andadura, uniendo en un solo texto las tres formas de ver de un mismo acontecimiento: cómo vivimos el primer día. Tres relatos.

Relato 1: Ángel Bustos Nieto.
Relato 2: Belén Jiménez Ruiz, Rocío Gil, Mercedes Llorente, Isuca Ruiz.
Relato 3: Mari Carmen Meira, Miguel Ángel Villena, Vega Losada

R. 1: Los dioses de la lluvia, especialmente el imponente Tláloc, nos reciben con todos sus honores al llegar a la ciudad de Teotihuacan. Los 300 expedicionarios quedamos impresionados con la grandeza de una de las ruinas más antiguas de México.

R. 2: Tras dos horas de autobús desde México, intercambiando juegos, idiomas, risas y canciones con gentes de tan dispares culturas llegamos a Teotihuacan, “Ciudad de los señores que tienen dioses”. Los lugareños nos sorprenden al intentar vendernos artesanías a cualquier precio.

R. 3: Teotihuacan, una ciudad que, según las habladurías, se tomó como modelo para la construcción del resto de las ciudades mexicanas. El camino se hizo largo y nos sorprendió la pobreza que reinaba a ambos lados de la carretera; sobre todo, las chabolas y las casas a medio pintar.

R. 1: Estudios arqueológicos han mostrado que Teotihuacan era, 600 a. C., una aldea que comenzó a elaborar objetos de piedra pedernal obtenida de la zona. Desde entonces comenzó un incipiente intercambio con otras regiones y un eficiente comercio y agricultura planificada a partir del siglo II a. C. Se creó un centro político y religioso que duraría hasta el siglo IX de nuestra era. El nombre de Teotihuacan fue dado por los aztecas, un pueblo que llegó y pobló estas ruinas después de ser abandonas por sus habitantes. Con el paso del tiempo, la ciudad se fue cubriendo de árboles y matorrales hasta llegar casi a desaparecer debajo de la maleza; incluso una pirámide sigue todavía cubierta. El guía, entre risas, propuso que nos podíamos quedar para recuperarla.

R. 2: Bajo nuestros pies se encontraban piedras rojizas. El dios de la lluvia nos saludó con una incesante tormenta que duraría toda la visita. Salieron volando nuestros ponchos amarillos para protegernos y alegrar de color nuestra primera aventura.

R. 3: La ciudad de Teotihuacan fue abandonada durante 11 siglos y se descubrió en el año 1905. En ella se encuentran 360 esculturas, que representan los días del año. La lluvia cada vez era más intensa y constante. El camino, a contraviento, nos ponía difícil nuestra llegada al llamado “Templo Piramidal”. Subíamos los escalones como podíamos. Algunos escribían bajo las capas sus primeras letras en sus diarios, otros cantaban o protestaban contra el chaparrón, el escalón y el tropezón.

R. 1: Llegamos a la “Avenida de los Muertos”, llamada así porque los pueblos que descubrieron la ciudad cuando estaba cubierta de tierra, pensaban que serían templos fúnebres, aunque después se descubrió que tales templos no existían y eran simplemente edificios administrativos de un estado, de la guerra, de agricultura, de sociedad…

R. 2: Tres majestuosos templos escalonados delimitaban la “Avenida de los Muertos”: el Templo del Sol, el Templo de la Luna y el de Quetzalcoalt, dios de la Serpiente Emplumada. Todos ellos, construidos entre el 200 a.C. y el 600 d.C. Dejamos atrás la ciudadela para subir al Templo de la Serpiente Emplumada. El rito que más nos llamó la atención consistía en el sacrificio de 200 indígenas a los que se les había atado de pies y manos y cubierto de collares de conchas.

R. 1: Al final de la avenida se encuentra la Pirámide del Sol. Nos quedamos boquiabiertos al mirar hacía arriba. En ese momento alguien gritó que apostáramos por los escalones que ella tenía. Aceptamos la apuesta y comenzamos a decir cifras que nada tendrían que ver con el verdadero número; pero el guía nos animaba diciendo que, si se contaban bien el número de escalones, podríamos pedir un deseo y lograr una novia para quien lo acertara. El número final de escalones fue 245, que no tenía nada que ver con los 672 que pronosticaba Víctor, un chico de mi grupo, unos 500 que dijo Paula una expedicionaria alicantina.

R. 2: Comenzamos a escalar los 245 escalones irregulares para conquistar la cumbre del Templo del Sol. En el dificultoso ascenso tuvimos un pequeño incidente: una chica perdió momentáneamente el conocimiento, quizás a causa del cansancio y la presión de la altura. Afortunadamente se actuó rápido para que todo se quedase en un susto. En la cumbre, las cámaras inmortalizaron el momento, filmando la ilusión producida por el logro de nuestro primer reto.

R. 3: Al llegar a la cima, el dios Tláloc nos recibió con un trueno ensordecedor que inauguraba la tormenta que se nos venía encima. Todos estábamos allí, en la cumbre del Templo del Sol. La tormenta se acercaba y fuimos descendiendo entre rayos y truenos, pero con enorme cuidado.

R. 1: A mí me impresionó la dureza de la primera prueba que, añadido a la lluvia, consiguió una tarde verdaderamente rutera. Estoy convencido ya que, con todo esto, no sólo se aprende historia sino que se puede ver la gran fuerza de voluntad de todos los expedicionarios que conseguimos superar todas las dificultades. Como testimonio visual, hicimos una gran foto de grupo -amarilla, amarilla- en mitad de la gran escalinata.

R. 2: No hubo tiempo para contemplar el Templo de la Luna, pues la lluvia no amainaba y una interesante conferencia de Astronomía nos esperaba en un curioso anfiteatro de piedra roja a tono con los elementos geológicos que rodean las ruinas. El astrónomo Javier Armentia nos introduce en la vida de los astros y fenómenos celestes, aunque las nubes impidan ver las estrellas.Un tiempo especial para presentaciones de personas, que nos acompañaran durante el resto de nuestra expedición, tales como el gabinete de prensa, televisión, fotógrafos, equipo médico, el sacerdote y los titiriteros que nos deleitaron ya con el previsible himno de la Ruta.

R. 3: Bajo la oscuridad de la noche y empapados por el agua, subimos a los autobuses para volver a nuestro campamento, en el Parque Asturiano. Cenamos, preparamos nuestros sacos, y a dormir en la tienda porque sabemos que la jornada de mañana será aún más agotadora. Reconocemos que, a pesar del tiempo y de las circunstancias que nos acotaban, aprendimos mucho de la cultura azteca y disfrutamos de un increíble paisaje.

R. 2: Finalizamos nuestra primera aventura orgullosas, ilusionadas, felices, cansadas y mojadas, apoyadas siempre por la sonrisa de los que ya son nuestros amigos. Aunque estamos genial, hay también momentos en los que se añora, lo que nos falta: familiares, gente que nos rodea habitualmente, y aquellos a los que tanto queremos y a los que mandamos un fuerte abrazo y queremos tranquilizarles de sus posibles preocupaciones.

R.1: Así terminamos la crónica que habla de aquellos conquistadores que llegaron a la ciudad y sus construcciones dan testimonio de la visita de más de 300 jóvenes a estas ruinas. De algo estamos seguros: nuestro esfuerzo e ilusión en esta primera aventura, aunque todavía pequeña y de estreno, formará también parte de la historia de esta ciudad y de este país tan grande.



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