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Ruta Quetzal 2004, De los volcanes mexicanos a la 'Translatio' RUTA QUETZAL BBVA
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 24 de junio

De México DF a Michoacán
Dana Altea Espiño, Javier Gómez y Elena Gradin


Dana, Javier y Elena.

El dios del sol venció por unos momentos a Tlaloc: después de la tempestad, siempre llega la calma. Nuestra pasada petición de lluvia desde lo alto de la Pirámide del Sol se hizo patente en pequeños mares que salpicaban el verde océano de tiendas de campaña ubicadas en el Centro Asturiano de México.

Esta mañana el “tirolí-tirolá” sonó aún más frío bajo el techado que resguardaba nuestras ilusiones de la inundación a que fue sometidas nuestras tiendas. Tras doblar las húmedas carpas y tomar nuestro último gran desayuno, nos despedimos del campamento de cinco estrellas que estos primeros se convirtió en nuestro hogar.

Montamos en las guaguas, peceras, omnibuses, o como nuestro jefe de campamento, Jesús Luna, quiera llamarlos, camino del Estado de Michoacán.

Cinco horas que nos prometían de viaje, es decir, nueve horas reales, nos han llevado hasta Uruapan. Seguro que mucha gente se preguntará cuál es la receta para aguantar tal cantidad de kilómetros. Aquí detallamos las distracciones más genuinas y características de nuestros desplazamientos: la opción más recurrida consiste en un pequeño y ligero descanso de los ojos, tan agotados de la gran cantidad de maravillas observadas durante nuestro periplo mexicano. Como segunda opción, pero no por ello menos importante, está el ejercicio de las cuerdas vocales, ya sea en su versión musical o prosaica.

En este trayecto, debido a los temas en los que se basa el viaje, también asistimos a una lectura sobre la figura de Don Vasco de Quiroga y su utopía mexicana, que se extendió durante un par de horas.

Nuestras actividades ruteras de ocio tocaron a su fin con la llegada a Uruapan, donde todos los expedicionarios quedamos impresionados con el recibimiento de los indígenas purépechas, que se encontraban a ambos lados de la carretera. Estos habitantes mexicanos destacan por ser grandes artesanos y por conservar aspectos de su tradición como su idioma o su estructura social.

Tras la comida ofrecida por las autoridades locales, se produjo un intercambio de presentes entre los representantes de la sociedad michoacana y la dirección de Ruta Quetzal BBVA. Al término de estos actos y con el estomago lleno, nuestro espíritu aventurero despertó de nuevo convirtiendo al volcán Paricutín en el centro de todas las miradas. Precisamente, con el fin de adueñarnos durante unos breves momentos de su cima, instalamos nuestro campamento –ya no de cinco estrellas- en el Mirador de Paricutín.

Por la noche tuvo lugar en el mismo campamento una conferencia que nos permitió conocer la parte humana del volcán y no sólo científica, todo ello gracias a las experiencias y recuerdos de algunos lugareños que presenciaron o vivieron de cerca su nacimiento.

Con un manto de estrellas sobre nuestras cabezas, tierra mojada bajo nuestros pies y las tiendas todavía húmedas, soñamos con subir a lo más alto: quizás mañana sea el día que todos estábamos esperando.


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