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Chema Lizarralde

Enviado especial en Atocha

14:35 AM

 

Epílogo

- Muy bonita la pareja.
- ¿Y el coche, eh?. Menudo Rolls.
- ¿Qué guapos los dos!. Ella es muy guapa por dentro y por fuera.
- Es buena moza, sí.
(Les interrumpen)
- Sí, guapos sí que son, pero yo les digo que tanta boda no me quita el susto ni la tristeza de lo de marzo.
- ¿De las bombas dice usted?.
- De las bombas, digo.


14:30 AM

 

Todos a casa

La multitud se ha recogido. Ahora sale el sol. A las puertas de la Basílica aún forman decenas de policías, los mismos que se han pasado el día cacheando a tirios y troyanos.

La gente se marcha hacia las bocas de metro, contentos en su mayoría.
- Ay! Que guapa que es la chica, dice Pilar.
- ¿Y él?. Él tanto como ella, que ya quisieras tú, le replica su amiga Raquel.
Las dos llevan las manos ocupadas: en la izquierda la cámara digital, en la derecha un montón de abanicos de los creados para la ocasión. Cuando la boca de Menéndez Pelayo las traga aún suenan los ecos del "Asturias Patria Querida".

Zumbando pasan dos adolescentes. El disgusto les sale a chorros por la boca:
- Pues menuda mierda, yo ni les he visto.
- ¡Jo, tía! Estamos horas esperando, nos hemos puesto como una sopa y para esto.
- Lo teníamos que haber visto en la tele.
- ¿Sabes que te digo?. Que para otra boda no vengo.
- Para otra boda, que sea la tuya.
- Eso, eso….

Sus risas entierran el disgusto. Madrid se retira a casa.

14:10 AM

 

Fotografía digital

Es el gesto del día. La persona se eleva de puntillas. Atisba el horizonte:
- ¡Están muy lejos!, exclama. Vuelve sobre sus pies. Vuelva a ponerse de puntillas. De repente, como un resorte de la mano derecha emerge el artefacto, la cámara. No es una máquina cualquiera, sino una cámara digital. Decenas y decenas de ellas marcan el camino hasta los novios. Un rosario de instantáneas que buscan a la princesa. Al final, la mayoría no será sino un cúmulo de piernas, brazos y cabezas.

 

13:45 AM

 

La calle estalla de contento

Los novios, los príncipes ya están en Atocha. Decenas de caballos, alabarderos, coraceros… anteceden al lujoso Rolls Royce. Repican las campanas; los miles de congregados estallan en gritos. Ellas no saben si envidiar más la belleza de la nueva princesa o envidiar a la princesa por el buen partido que se lleva. El coche se adentra en la Basílica por un lateral. Letizia deja un ramo de iris y azahar junto a la Virgen de Atocha, esa que sostiene una manzana como signo de redención.

 

13:20 AM

 

Tanta buena gente

En Atocha, el séquito popular ha esperado a los novios durante horas bajo la lluvia con los paraguas y los pies mojados. El cielo aún está gris pero ha dejado de llover. Desde cualquier esquina se pueden ver gorros asturianos e incluso alguna bandera. Parte de un grupo de 800 asturianos ha tomado pacíficamente la Avenida Ciudad de Barcelona. Salieron de madrugada y han llegado a primera hora de la mañana a Madrid. No han tenido opción: la Almudena les quedaba demasiado lejos.
- ¡Es que somos paisanos y teníamos que estar aquí!, me explica Manolo, que oficia como jefe de la expedición.
Junto a una enorme bandera asturiana, una pareja de tez más oscura muestra su pancarta: "Ecuador. L+F".

 

13:00 AM

Expectación

El iris es la flor de los Borbones. La Basílica de Atocha espera el ramo de la novia, de la ya Princesa de Asturias. Ha dejado de llover y la expectación crece en el entorno. La gente se agolpa en las vallas. La policía retoma posiciones; la guardia militar se sitúa junto a la puerta de entrada a la iglesia. Alrededor, balcones repletos, banderas de España y también las repartidas por el ayuntamiento. Suenan sirenas. Repican las campanas. La gente tiene ganas de ver a la nueva princesa.

 

11:50 AM

Bares, ¡que lugares!

La calle está vacía. ¿Pero no era hoy día de boda?. Será de boda pero también de lluvia, de una lluvia torrencial y excesiva. Frente a la Basílica, medio centenar de valientes. El rostro a cubierto como buenamente pueden. Así las cosas, los bares se convierten en templos de devoción. Café, churros, cañas…y la lluvia queda atrás. Sobre las cabezas de todos, un televisor:
- ¡ Al menos vemos a la novia!.
- ¡Guapa!
Rouco Varela no tiene poder para evitarlo: fuera diluvia. Los policías se apiñan bajo la marquesina de una parada de autobús.

 

11:20 AM

Huevos de Pascua

Frente a la Basílica de Atocha, llueve. Pero en ocasiones como ésta, hay fenómenos aún peores. Las cercanías de la estación y de la Basílica apenas muestran huellas de la mano de Pascua, de Pascua Ortega. Su dudosa decoración apenas sí ha dejado rastro en este lugar. Unos pocos gallardetes de tímido rosa y unos setos de buganvillas. También unas petunias, ¿o serán pensamientos?.

 

11:00 AM

A cubierto

Llueve. Más bien diluvia. A las puertas de la Basílica de Atocha, el espacio se llena de paraguas y hasta los agentes de policía - en fila interminable y casi de la mano- sacan una graciosa capucha de la espalda de sus uniformes. Jennifer, que llegó de Ecuador hace dos años, saca su paraguas. Carmen, que llegó ayer de Albacete, saca un pañuelo poblado de flores y se cubre. En mitad de la Avenida Ciudad de Barcelona, las buganvillas agradecen la torrencial lluvia que cae sobre Madrid. Aquí, el único que se moja es este periodista.

 

10:31 AM

Diálogo a tres voces

- Aquí se casó Alfonso.
- ¿Alfonso, el hijo de la Úrsula?
- No, hombre, Alfonso el Rey.
- ¿Pero qué Alfonso, el XII, el XIII…?
- Alfonso XII, el primero. Se casó aquí dos veces.
- ¡Pero si ese se murió muy joven!.
- Mucho, a los 27 años.
- ¿Entonces?.
- Pero se casó dos veces. Primero con María de las Mercedes y después con Maria Cristina.
- Maríaaaa de las Mercedessss (cantando)
- A aquella mujer se la quiso mucho. Se murió a los cinco meses de casarse.
- ¿Y luego llegó la otra, no?
- Sí, la Reina María Cristina duró más.
- ¿Así que esta es Iglesia de Reyes?
- Sí…
(Le interrumpen)
- Pueden decir lo que quieran, pero a mi Atocha me sigue recordando a lo de las vías.
- ¿Las bombas dice usted?
- Las bombas, digo.

 

9:45 AM

Atocha espera

Las nubes no saben de protocolo. Nadie las ha invitado pero llevan sobre Madrid desde ayer. Aquí la mayoría se ha quedado. En las cercanías de Atocha -de la Basílica, de la estación- predominan los tonos grises, ya se ha dicho, los del cielo; y el azul oscuro de las furgonetas de la policía. Una tras otra, como en un rosario, marcan el camino. El camino y nada más. Porque el resto son limitaciones, prohibiciones y controles de seguridad. Atocha espera.

 
 
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